En uno de mis primeros artículos en este blog dije lo que pensaba acerca del caso de Marta del Castillo. Pasan los días y sigue sin aparecer el cadáver. Sinceramente, no es que me dé igual, pero tampoco me voy a rasgar las vestiduras. ¿Cuántas personas desaparecen en este país y ni nos enteramos?

En cambio, con este caso en particular las cadenas de televisión tienen carnaza fresca, y como hoy en día no hay valores, ni ética ni moral, se aprovechan del morbo que genera. Ya saben. Una niña de 15 años y un niño de 18 ó 19. Ex-novios. Con otras parejas en la actualidad. Aún así quedan a solas, y él termina matándola a ella. Como en la serie Al salir de clase, pero real como la vida misma.

El bastardo de Miguel Carcaño, con lo chulo que parecía antes con sus colegas, y fíjense la cara de cagado que tiene cuando le esposan las manos. No, Miguel, matando a una chiquilla no demuestras tu hombría. Ahora tienes que apechugar.

La pasta que se habrán gastado en recuperar del Río Guadalquivir un cadáver del que ni se sabe con certeza que verdaderamente esté ahí. Al cabo del mes Carcaño cambia su declaración y mandan toda la maquinaria y personal al vertedero de Alcalá de Guadaíra (Sevilla).

Pero, ¿y si Miguel Carcaño sigue mintiendo —que es lo más seguro—? O bien, ¿y si realmente tiró el cuerpo al río, y cambió su postura para que dejaran de buscarlo? Ahora mismo Marta del Castillo podría estar en las Azores.
En fin, me da la impresión —y espero equivocarme— de que no se encontrará nunca a la niña, por lo que el hijo de puta ese no estará mucho tiempo entre rejas. Hace poco dijeron que se intentó suicidar en la cárcel. Qué pena que no terminara siendo así. Hubiera sido la única esperanza de hacer verdadera justicia con él. Que se mate solo.
